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Las ventajas de mi oficio
Enviado por Juancho


Mi oficio, Practicante (ahora se llama ATS), me ha proporcionado situaciones curiosas, interesantes, apasionantes, apasionadas, sorprendentes y enamoradoras. Esta última me sucedió en mi gabinete, en la pequeña casa que había adquirido y en la que ponía las inyecciones y llevaba a cabo mi trabajo particular o el concertado con las sociedades médicas. También era mi picadero, cuando había ligues. Lamento decir que no solía tener suerte. Ya sé lo que alguien estará pensando: ¡hombre, con tanta falda levantada y tanto culo femenino al aire, siempre caería algo!....Pues el que piense eso se equivoca de medio a medio: llevaba dos años pagando aquel pisito y …..¡nada de nada!. Hay que tener en cuenta que buscar ligues entre las pacientes te puede acarrear un gran disgusto y llevarte a la expulsión del Colegio.¡Cualquiera se la jugaba por buscar un polvo!, la cosa tenía que estar muy clara para lanzarse a por el ligue. Pero, claro, la vida, la gran sorprendente, cambió radicalmente mi mala suerte y mi falta de ligues. Y eso es lo que les voy a contar, si es que los responsables de estas deliciosas páginas se animan a publicar mi relato. Mi pisito ( lo estaba pagando con algún esfuerzo y sacrificio), constaba de una sala de espera alargada ,como un pasillo ancho; la habitación de trabajo; un baño completo, incluida ducha y bidé; cocina y una habitación con armario y cama de matrimonio. Estaba deseando estrenarla, pero de momento………Yo me ganaba bien la vida: cinco sociedades médicas, una sanatorio y mi actividad libre daban su dinerillo, aun a costa de no parar de trabajar. Eso me permitía ayudar en casa e ir pagando el pisito, situado en…….bueno, a unos cuatrocientos metros de la glorieta de S. Bernardo. Situado el marco de la acción, pasaré a contarla. Mi suerte amorosa cambió cierto caluroso mes de junio. Yo atendía a mis sociedades, tenía la con- sulta llena y eran las cuatro y media de la tarde. Le tocó el turno a la doña Pepa, una señora de setenta años, de buen ver, aspecto muy limpio y ropa interior muy bonita y sexy. Digo esto porque ya la había pinchado varias veces y conversado con élla en las ocasiones en que había poca clientela o era la última de la sala de espera. Entró y cerrando la puerta me dijo: Como vd. ya me ha visto muy ligera de ropa, he traido una foto en traje de baño, para que vea que todavía estoy para que se me mire con buenos ojos. ¿Quiere ver la foto, Juancho?. Por supuesto, Dª Pepa.Aunque no hacía falta que se molestase vd., porque yo ya sé que está vd. muy……¿cómo diría?.......No sé…….. A ver dígamelo, me interesa saberlo. ¿Le interesa a vd. saber cómo la veo yo?. Sí, me interesa. Y mucho,quiero que lo sepa, que me interesa muchísimo y, sobre todo, que deje de llamarme de vd. que parece que soy mayor de lo que soy. Vamos si quiere vd. tutearme y tratarme con confianza. Claro, Dª Pepa..…Pepa, claro que quiero tutearte y tratarte con confianza. En este punto, viendo cómo encaminaba las cosas Pepa, decidí probar a ver qué pasaba. Deseo, desde hace tiempo, tratarte con mucha, mucha confianza, Pepi. A lo mejor, no sé……me consideras un….frescales. Al contrario, Juancho, me gusta que me trates con ………la mayor confianza, muchísima confianza. Como verás yo te trato a ti con toda la confianza del mundo, hasta te traigo una foto mía en bañador.Mira que guapa estoy en bañador. Bueno, a lo mejor……….. no te gusta……. una servidora. Abrió la carpeta y me dio una gran ampliación. La miré y…….¡joder con la vieja!....estaba buenísima. Me gustaba. Me gustraba mucho, mucho, mucho. Preguntó muy interesada. ¿Te parezco muy fea, Juancho? Mira, Pepi, si me atreviese, te diría lo que me pareces. Si no lo hago es porque….no me atrevo. Igual te molesta tanta confianza. Y además, está la ética profesional. No, Juancho, quiero que me tengas mucha confianza, más que con nadie, más que con ninguna mujer..Espero que entiendas de una vez lo que te quiero decir con esto. ¿Qué te parezcon en bañador?. Yo, hambriento como estaba de sexo y viendo, entreviendo una posibilidad de tener un encuentro amoroso con esta mujer, decidí empezar a buscarle las vueltas a Pepa, que, aunque tuviese setenta años, me gustaba muchísimo y no iba a dudar en acostarme con élla y comerla el chochito. Lo debía tener precioso. Insistió: ¿Qué?,¿soy muy fea?, ¿te parezco muy fea, Juancho?. ¿Le puedo gustar a un hombre?. Le puedes gustar a cualquier hombre, Pepi.Eres preciosa, ¡menudo tipazo!, ¡qué piernas!......¡qué muslazos!, Pepi...y…. qué triángulo tan precioso, tan enamorador. A mí me parece que enamora. ¿Te refieres a este triángulo?,¿ al del………chochito? Su dedo señalo la entrepierna de la foto. Yo, seguro de que lo que buscaba Pepi era hacer que me lanzase a por ella, decidí tomar la iniciativa. Si, a ese chochito,cuyo bulto es el más perfectamente formado que he visto nunca. A mi me gusta……… con locura,Pepi. Y perdona que te hable tan a las claras. Me gustas muchísimo, Pepi. Ella, con voz temblorosa me dijo: Te gusta mi chochito ¿......¿Te ……gus…….to……yo, Juancho?.....¿Te…gusto para que…seamos……..novios? ¿Quieres saber la verdad?. Cogió mi mano, la apretó y me dijo, con voz temblorosa: Lo deseo con toda mi alma. Me gustas, Pepa, me gustas desde que te ví por primera vez. Y estroy deseando que seamos novios, como dices tú. Yo estoy deseando ser tu novia, que nos queramos mucho, que tú me correspondas….Yo estoy muy enamorada de ti, Juancho. La atraje hacia mí y busqué su boca. Nuestra lenguas se enlazaron con ansia. Nos separamos y quedamos en que debía salir, darse una vuelta y volver dentro de media hora. Ahora debía decir que había tardado por estar muy nerviosa. No me des un plantón, Pepi, ¿eh?. ¿Plantón, yo a ti?. Si te tengo unas ganas…….. Me acarició la entrepierna con una mano sabia, conocedora de cómo complacer a un hombre. Me puso como loco. No lo dudé ni Un segundo: la subí las faldas y metí mi mano por debejo de las bragas. Tenía el chochito echando fuego, caliente como un horno. Metí mis dedos en su chochito, se estremeció de gusto y yo sentí que su bulba me gustaba, que iba a disfrutar mucho con Pepi. Nos besamos con verdadero ardor. Anda, Pepi, cielo mío, vete. Se van a dar cuenta. Si, amor mío. Vuelvo en media hora. Me pongo en la acera de enfrente y, cuando se vayan, me haces una seña, ¿vale?. Te voy a querer con toda mi alma, ¿sabes, amor mío?. Y yo a ti, mi vida. Te voy a comer. ¿Toda entera?. Su voz era provocadora, buscaba ……saber hasta qué punto la deseaba. Estoy deseando comerme ese chochito tan precioso. Se subió las faldas. Llevaba unas bragas preciosas. ¿Te gusta mi chochito?. Y dicho y hecho: se bajó las bragas y me enseñó su tesoro. Era precioso. ¡Qué cantidad de pelo!. ¿Cómo era posible con su edad?. No lo dudé ni un segundo y besé su coño. No había olor alguno, al menos que me desagradase. La consecuencia inmediata de eso fue que metí mi lengua en su coño y lamí su clítoris. Tuvo varios escalofríos. Me lavanté. Ella me dio un largo beso en la boca, metiendo su lengua y lamiéndome, se subió las bragas. Y se encaminó a la puerta. Retrocedió, se sentó en la silla, me abrió la bragueta y sacando mi polla, que estaba erecta como un garrote, me la chupó con infinita sabiduría. ¡Qué bien lo hacía Pepi, íbamos a disfrutar como locos. Se apartó, me guardo la polla y subiéndome la cremallera, me dijo muy bajito: Estoy muy enamorada de ti. A su susurro, respondí con otro: Y yo de ti, mi amor. Salió a la sala y,mientras explicaba su nerviosismo, entró una mujer joven, de unos treinta y dos años. Guapísima, una jaca, como se decía entonces: pecho amplio, generoso, agresivo y adorable; culo amplio, con amplias caderas; una cara preciosa y piernas largas, bien torneadas y gruesas. La falda,ç Algo estrecha, insinuaba la rotundidez de sus muslos.En pocas palabras, una real hembra. Comentamos los nervios de Pepi (yo dije Dª Pepa, claro) y , en rápido cambio, dijo riéndose que el lugar adonde iban las mujeres con su mejor lencería era éste, la consulta del practicante. Yo, sin saber qué hacer, solté una tímida risa y comencé a preparar el inyectable. Casi se me cae. Me quedé de piedra : la superguapa, se había subrido la falda y se estaba bajando las bragas. ¡Qué portento!....¡Era una mujer de una vez!. ¡Qué cantidad de pelo!. Me quedé paralizado. Al cabo de un minuto largo, élla, con acento coquetón y hablando bajito me dijo: ¿Tanta impresión te produzco? Perdone…yo…….no…no…sé que…que me ha pasado……No soy capaz ni de pensar. No me llames de vd. Lo que acabas de decirme es muy bonito. Me ha gustado. Perdona, no me hagas caso, yo no puedo, no debo decir estas cosas a una paciente. A mí, sí, porque me gusta oirlas. Y me alegro. Todavía no me has dicho si te ha producido impresión verme……vermelo. A lo mejor te parece muy feo. ¿Qué te parece?. Una maravilla. El más bonito del mundo. ¡Qué alegría me das!. Después de decirte esto, se giró y quitándose las bragas, me mostró toda la belleza de su chochito, lleno de pelo rizado. Se sentó en la camilla y se re- Costó. Me dirigió una sonrisa deliciosa, cómplice, llena de insinuaciones y promesas. ¿Eres casada?. Sí. Pero eso no importa. ¿Te importa a ti?. Me preocupa, me preocupa mucho. Yo no quiero enamorarme de una mujer casada. Y tú…eres preciosa. Estoy seguro de que me iba a enamorar de ti. ¿Te parece que hablemos más despacio otro día. De acuerdo, cielo. Pero ya sabes: sin preocupación alguna, porque si hablamos de amor, eso es algo que nos va a pasar a los dos,¿sabes?. Bueno, Pilar, ponte boca abajo. Si no te pincho ya, va a cristalizar el vial. Se puso boca abajo y, tras desinfectar con alcohol, puse la inyección. Ni lo notó. Me separé y comencé a prepararme para el siguiente. Preguntó asombrada: ¿Ya me la has puesto?. Si, Pilar, ya hemos terminado. Tu y yo, dijo muy zalamera, acabamos de empezar algo que va a ser…….muy bonito. Te lo aseguro. Vistete, Pilar, no podemos tardar más. Y no estés tan segura. ¿Qué apostamos? Nada, Pilar. Nunca apuesto. Haces bien, porque conmigo ibas a perder. Mañana vuelvo. A última hora. Espérame. Me lanzó un beso con los labios y salió. Asomé la cabeza a la sala y dije el habitual “el siguiente”. Se levantó otra mujer. Cuando entró me dí cuenta de que era la portera de al lado. Sonreía ampliamente. Y me dijo, con acento…..muy intencionado, ladino, yo diría que ligón: Vengo a que me pongas esto que me ha mandado D. Tomás. ¡Ah!,¿es tú médico D. Tomás?. Desde hace muchos años. Tendría que haber ido al practicante de mi sociedad, pero….. Yo estoy más cerca. Has hecho bien, yo no te voy a cobrar. ¿No sientes curiosidad? ¿De qué? ¡Anda qué..!, ¡Hay que ver, cómo eres!. Pues de qué va a ser: de saber la razón por la que vengo a tu consulta y no a la de D. José, mi practicante. Pues tú dirás, Concha. Me volví y empecé a preparar la inyección. Concha, usando un tono insinuante, claramente ligón, me dijo despacio: Porque no quería que volviese a verme………..así, como..me ….vas a ver…tú, Juan. Sorprendido por su tono y la despaciosidad usada, me volví. Me quedé inmóvil, sin separar la mirada de Concha, que estaba preciosa. Se había subido las faldas y mostraba unos muslos…¡soberbios!, ¡gruesos y bien formados!. Llevaba las piernas enfundadas en unas medias negras. También era negro el liguero. Igual que las bragas, que destacaban poderosas sobre la blancura de sus muslazos de diosa. Álgunos pelos, bastantes, escapaban rebeldes de La prisión de las apretadas bragas y se esparcían sobra la fina piel de los muslos, como anticipo de la deliciosa selva de su deseable entrepierna. No dije ni una palabra. En realidad, es que no sabía qué decir. Es más, de haberlo hecho, seguro que habría tartamudeado. Estaba asombrado, nunca pude pensar que Concha, la portera, viuda desde hacía cuatro años, pudiera estar tan tremendamente deseable como se mostraba en este momento. ¡Estaba Para comérsela entera, sin dejar un centímetro de su piel sin lamer y mordisquear.!. Sin modificar la postura, manteniendo las faldas subidas, se giró un poco, lo justo para que su deseable entrepierna quedase frente a mí. Me dijo, con la voz ligeramente ronca: ¿No me preguntas por qué no quiero que me vuelva a ver así, como me estoy mostrando a ti? Mi falló la voz y emití unos sonidos afónicos: No…Concha….no ….se..que… Sonrió ampliamente y permaneció con las faldas subidas. ¡Estaba preciosa y deseable!. Pues..verás, me rozó el …….bueno……el chochito. Y tu comprenderás que eso……vamos que eso me lo hace quien yo quiera. Me encontré la voz y dije: Tu novio,¿no,Concha?. No tengo novio, Juan, ¿no lo sabías?. A pesar de ser viuda, no soy facilona,¿sabes?. Y todavía no me ha dicho nada el que a mí me gusta…con locura. Pues que suerte para él. ¿Lo consideras una suerte?. No te contesto porque ya sé cómo las gastas. El pobre D. José no puede resistir lo guapa que eres y……¡ya ves lo que has hecho!. ¿Te parezco guapa?. Mucho. ¿Te gusto?. Mira, Concha, hablamos mañana, ¿quieres?. A las doce, tengo que venir aquí al lado a poner una tanda de inyecciones. A la una habré terminado y vendré aquí. ¿Te parece bien?. Maravilloso. No tardemos más, que van a pensar cosas raras los demás. Debes irte. No te muevas. La puse la inyección. Y se bajó la falda. Cuando se encaminaba hacia la puerta, se volvió y me dijo: ¿No vas a darme ni un beso? Me acerqué y nos besamos, sin especial pasión, que quedaba aparcada para el día siguiente. Antes de abrir la puerta, y muy mimosa, dijo: ¿Vengo así mañana, cielo?. Así de guapa, cariño. Hasta mañana, mi amor. El siguiente paciente fue un hombre. ¡Menos mal!. Hoy, aun pareciéndome mentira, iba de ligue en ligue y de enamoramiento en enamoramiento. Y todas preciosas. Sobre todo, Pepi. ¡No tengo remedio, está visto!. De las tres bellezas que tenía dispuestas a acostarse conmigo, la que más deseaba Era Pepa, la setentona. ¡Soy un tío raro, no cabe duda!. Mi primer encuentro amoroso tuvo lugar la Nochevieja de…hace dos años y …..fué una Maravilla. La Sra. Pepa, la suegra de mi tía Lola,se llamaba igual que la de hoy , me enseñó a querer con locura a una mujer. Fue un estreno glorioso y, desde entonces, me quedó una inclinación muy acentuada hacia las “puretas”, como se decía entonces, particularmente hacia las de sesenta y tantos y Setenta años. En estas cosas del sexo no hay quien mande: te enamora quien te enamora y no hay discusión posible. Pilar y Concha eran preciosas y Mucho más jóvenes, pero a mí, a pesar de todo, la que “me ponía en condiciones más y mejor”, era Pepa, con sus setenta deseables años. Por eso y porque estaba que me moría de ganas de acostyarme con ella, de abrazarla desnuda, de hundir mi boca en su delicioso coño, de sentir cómo me lamía todo el cuerpo y de correrme dentro de su caliente coño, no pude más y me asomé a la ventana. Allí estaba, preciosa, deseable, mirándome con una amplia sonrisa en sus labios. Con la lengua se relamía los labios, como si estuviese lamiendome la polla. Yola hice señas con la mano de que quedaban dos pacientes. Asintió y me tiro un beso con los labios. Yo me lamí los míos y, con la boca entreabierta, hice que mi lengua se moviese entre los labios, imitando una lamida de coño. Pepi lo entendió a la primera, me respondió lamiéndose otra vez los labios y poniendo con disimulo su mano sobre su coño.Aquelllo me encendió la sangre y abrí mucho la boca y saqué la lengua todo lo que pude, moviéndola en todas direcciones. Se encendió Toda su pasión y se abrazó los brazos con ambas manos. Con la mano izquierda volvió a tocarse la entrepierna y cruzó la calle en dirección a mi consulta. Yo, salido, soñando solo con comermela entera, me asomé a la salita, hice entrar al penúltimo, le pinché breve e indoloramente. Salió y entró el último. Pepi estaba ya dentro de la sala de espera. Terminé mi trabajo y salí con el paciente hacia la puerta del piso. Al pasar junto a Pepi, sin que lo viese el paciente que salía, su mano me acaricio la enterepierna. Sintió mi erección y no me soltó. El paciente se volvió para despedirse y, liberándome de la amorosa presión de mi futura amante, terminé de abrir, nos despedimos y cerré, echando el cerrojo. Me volví hacia Pepi, que ya había avanzado hasta mí. Nos abrazamos con enorme ñpasión y fuerza, uniendo nuestra entrepiernas con furor, con enorme deseo. Mientras nuestra bocas se unían y nos lamiamos con profunda pasión, Pepi se soltó la falda. Al Notarlo, me separé de ella para mirarla. Sus preciosas bragas, sus muslos maravillosos, gruesos, excitantes, se me mostraron como un tesoro al que iba a llegar en pocos minutos. Me arrodillé ante mi nuevo amor, mi deseada Pepi y élla, entendiendo lo que quería hacer, se quitó las bragas. ¡Que chochito tan preciosos!. ¡Cuánto pelo!. Lo sentí En mi boca y hundí mi lengua en su coño, en la gran abertura del placwer, del gustazo sublime. Abracé sus muslos y sentí como se entremecía de gusto. Sentí que se estremecía dos veces más y su leche me inundó la boca. Me levanté y nos encaminamos a la habitación. Empezamos a desnudarnos.Pepi se dirigió la baño y,usando el bidé , se lavoteó a conciencia. Salió secándose. Nos acostamos y nos abrzamos con ansia. Nos besamos. Me dí la vuelta y adopté la maravillosa postura del sesenta y nueve. Mi lengua se hundió en su coño, en la gran abertura y susccioné sus labios, grandes, jugosos, inoloros. Mientras sentía sus convulsiones, noté como se metía mi polla en la boca y lamía y se movía arriba, abajo, en circulos. Me era imposible resistirlo, mw iba a correr. Separándose un segundo me dijo con vos ronca: ¡me corro, amor de mi vida, me corro!. ¡Yo también me corro, no puedo aguantar más!. Su respuesta fue instantánea: ¡En al boca….los dos……nos corremos en la boca….! Y así ocurrió. Sentí todos sus jugos llenarme la boca, a la vez que me vacié en la suya. Entre estremecimientos de ambos, nos lamimos todos los jugos . Nos quedamos quietos lamiendonos y acaricinado nuestros cuerpos. Así permanecimos un para de minutos o algo más. Pepi se levantó y se fue al baño. La seguí. Nos enjuagamos la boca, nos lavamos polla y coño. Y volvimos a la cama. Abrazados nos acariciamos todo el cuerpo. Alcabo de unos minutos de caricias, Pepi, se dio la vuelta, se colocó en sesnta y nueve y volvimos a lamernos la polla y el chochito. El chichito de Pepi ,e gustaba con locura. Volví a ponerme como un toro, y dandome la vuelta me puse sobre mi amada y metí mi polla en su hueco delicioso, maravilloso, caliente como Un horno. Sentí que me quemaba. Entré fácil hasta dentro, hasta lo mas profundo de su coño. Gritó ansiososa, apasionada. ¡Amormío, te quiero!. Novio de mi vida, échame tu leche, vida mía. Te voy a llenar de leche, mujercita de mi vida. Yo no me refería a mujercita de matrimonio sino a mujercita de hembra; pero élla, que a lo largo de los años siguientes me demostró todo el amor que sentía por mí, lo tomo como si la llamase esposa mía y….¡ya nunca más dejó de llamarme marido, esposo, maridito mío….En fin, que…..¡vaya!, me puso loco, hizo que me corriese, a la vez que ,a petición mía ella se corrió también. Nos llemos de leche. Pepi, mi adorada amante y esposa queridísima, nunca dejó de obedecerme cuando la pedí que se corriese conmigo. Siempre nos corrimos juntos. Durante años fuimos felices. Tenía Setenta y cinco cuando un infarto me la areebató. Fue un doloro finasl del que me costó reponerme. Nos habíamos querido mucho. Sentíamos un Gran amor, incluso por encima del sexo. Fuimos una pareja de enamorados que sabíamos darnos más gusto que nadie. Yo jamás he vuelto a sentir lo que sentí con Pepi. Y han sido muchas las mujeres con la que me he acostado. Ya lo contaré…..otro día. Adios. Juancho.



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