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La ausencia de mi marido
Enviado por Triple X


El verano pasado mi hijo tuvo que ir a Jaén a jugar un torneo con su equipo de fútbol y mi marido lo acompañó.

Yo no podía ir por razones de trabajo.

El primer día que me quedé sola en casa pasé una tarde bastante agobiada por el calor que hacía y por la ausencia de la familia.

Así que el segundo día decidí que tenía que hacer algo para entretenerme. Después de salir de trabajar comí en un restaurante del centro y al terminar me fui de compras a un centro comercial. Miré muchas cosas pero sólo compré un libro.

Como hacía mucho calor, me acerqué a un parque y me senté sobre la hierba debajo de un árbol que me proporcionaba sombra.

Empecé a leer aquel libro. Era de intriga que son los que me gustan a mí y también tenía algo de novela erótica. Esto y el fuerte calor, provocaron un estado de cierta excitación en mí.

Cuando había llegado no había casi nadie en el parque, pero al cabo de una hora de estar enfrascada en la lectura ya habían llegado más personas que también estaban acostadas en la hierba.

Continué leyendo y en un instante que levanté la vista me di cuenta que un poco más abajo había un chico mirando hacia mí. Volví a leer y volví a levantar la vista. El chico mantenía fijos los ojos en mí.

Así que pensando en que estaría mirando aquel chaval, caí en la cuenta que la postura que tenían mis piernas dejaban al descubierto todo lo que debería estar tapando mi vaporosa falda.

Bajé las piernas y con ello se cerró el telón de aquella película para él.

Traté de volver a concentrarme en lo que estaba leyendo pero me era imposible. Mi mente sólo pensaba en aquel chico. Se daba la circunstancia de que minutos antes había leido un capítulo del libro en el cual había una escena bastante erótica entre una mujer y un hombre que no se conocían de nada. Con lo cual mi cuerpo estaba bastante excitado. Sentía que, a pesar de mis 43 años, mi cuerpo todavía era capaz de atraer las miradas de los hombres.

Aquella excitación hizo que me decidiera a volver a la posición inicial para seguir calentando al chaval con mis atributos. Poco a poco fui elevando las rodillas. Levanté la vista y observé que el chico había dejado de prestarme atención a mí y ahora se dedicaba a besar a la chica que tenía a su lado que supongo que era su novia. Además de besarla, una de sus manos le acariciaba las tetas. La situación que tenían dentro del parque era ideal para evitar las miradas de curiosos, excepto la mía.

Estaba mirándolos, cuando, de repente, el chico alzó su mirada y me vio. Continuaba magreándole las tetas a su novia pero su mirada estaba dirigida hacia debajo de mi falda.

La escena me estaba calentando de sobremanera.

La chica lo abrazó y se lo colocó encima. Él le besaba la frente y rozaba su cuerpo contra ella, pero su mirada estaba fija en mí.

La chica le desabrochó el pantalón y sin más disimulo también le bajó el calzoncillo quedándole el culo al aire. Bonito culo pensé yo.

Ella se subió lentamente su falda y se bajó su braga también. Con lo cual la polla y el coño quedaron desnudos para el contacto de ambos.

El chico me guiñó un ojo y me lanzó un beso sin que su novia se diese cuenta. Acto seguido empezó a penetrarla. Primero suavemente y luego con energía.

Para entonces mi coño ya estaba chorreando con la excitación. Quizá fue ese estado de excitación el que me llevó a devolverle el guiño de ojo y luego acariciarme mis muslos por debajo de la falda.

El chaval sonrió y aumentó la embestida a su novia. Aquella chica tenía los ojos cerrados y gemía con lo que su novio le estaba haciendo.

Yo también gozaba con lo que estaba viendo y con lo que mi mente estaba pensando: Imaginaba la pedazo de polla que tenía el chico y la imaginaba dentro de mí dándome placer. Estaba claro que aquel chico también pensaba en mí y quizá que el cuerpo que estaba penetrando era el mío.

Mi mano pasó de acariciarme el muslo a introducirse debajo de mi braguita. Luego empecé a meter y a sacar un dedo dentro del coño. Entraba sin ningún problema.

Esto provocó que los ojos del chico estuviesen como platos y también que no aguantase más y se corriese dentro del coño de su novia lanzando un buen alarido de placer.

En ese instante yo también alcancé un orgasmo y, aunque quería más, me tapé. No fuese que la gente del parque, al oir el grito del chico, dirigiese sus miradas hacia mí y me viese masturbándome.

Al terminar el chico, éste cayó rendido boca arriba al lado de la chica. Pude entonces comprobar que no me había equivocado: Tenía una buena polla a pesar del bajón de la erección.

Fue entonces cuando su novia se fijó en mi presencia. Su sonrisa desapareció de su cara, se vistió rápidamente y le ordenó a su compañero que se vistiese también.

Recogieron sus cosas y cuando se iban, al pasar a mi lado, el chico volvió a lanzarme otro guiño y otro beso. Yo se los devolví.

Aquella noche busqué en el fondo del armario el vibrador que tenía de cuando era joven y me masturbé pensando en aquel chaval. Lo hice varias veces durante la noche hasta que al fin pude dormir tranquila.

Al día siguiente, mi mente todavía pensaba en aquel chico. Así que por la tarde volvía al parque con mi libro, aunque me era imposible concentrarme en la lectura y terminé por cerrarlo.

Por desgracia, la pareja del día anterior no apareció.

Volví a casa un poco disgustada porque mi cuerpo seguía excitado y no había conseguido ver una buena polla con la que masturbarme.

Llegó la noche y seguía igual de excitada. Eran las 3 de la madrugada y me acerqué a la ventana de mi habitación para tratar de refrescarme un poco del bochorno. Estuve un rato viendo pasar los coches hasta que me di cuenta que en la ventana del último piso de enfrente un vecino me espiaba medio oculto detrás de la cortina.

Yo, por el calor, llevaba puesto sólo un pequeño camisón-top muy transparente y que con la luz de la habitación detrás de mí, seguro que me lo transparentaba todo.

No sé si fue por la excitación acumulada, pero lo cierto es que en lugar de taparme, lo que hice fue exhibirme aún más en la ventana simulando que seguía mirando la calle. Me ponía de forma que aquel vecino pudiese contemplar bien mi cuerpo casi desnudo.

Cuando consideré que ya había visto lo suficiente como para tener su polla tiesa como un palo, alcé mi mirada y le guiñé un ojo. Él se dio cuenta que lo había visto y se ocultó un poco. Pero al cabo de unos instantes en los que yo le mantuve la mirada, él volvió a asomarse y me devolvió el guiño.

Entonces yo di unos pasos atrás y me tumbé sobre la cama, dejándole mi vagina totalmente a la vista. Esto provocó que él se acercase todavía más a la ventana para verme mejor.

Empecé a acariciarme el pubis con un mano y con la otra me acariciaba mis tetas por encima del top.

Como me cortaba un poco por lo que estaba haciendo, cerré mis ojos y me continué masturbando delante del vecino. Acerqué mi mano a la mesita y cogí el vibrador de la noche anterior y me lo introduje lentamente en el coño.

Abrí un poco los ojos y pude ver que el vecino había bajado los calzoncillos y se estaba masturbando también cogiendo su polla con la mano izquierda.

Me saqué el top, dejando mis tetas al aire y continué con el vibrador. Aquel aparato y mi imaginación estaban haciéndome gozar un montón.

Imaginaba a aquel vecino entrando en mi habitación y penetrándome. También pensaba en que nos podía pillar mi marido cuando volviesen. Todo aquello me provocó varios orgasmos.

Abrí los ojos de nuevo y el vecino ya no estaba. Seguro que se había corrido y se había ido a limpiar.

Mientras yo me recuperaba, pude ver que aquel hombre volvió a la ventana y moviendo su mano se despidió de mí. Yo le devolví la despedida.

Al día siguiente volvieron mi marido y mi hijo. Por la noche me volvió la excitación y tuve ganas de sincerarme con mi marido, pero sólo fui capaz de contarle la escena del parque. Lo del vecino de enfrente no se lo conté.

A él pareció excitarle lo que le conté de aquel chico del parque y se preparó para follarme. Cogió el vibrador y me lo metió por el coño. Su polla me la fue metiendo por el culo mientras me decía: Aquí tiene usted señora, el chico del parque con su enorme polla la folla por delante y su marido la folla por detrás, ¿le gusta?.

Aquello era muy fuerte para mí y tuve varios orgasmos. Además de vez en cuando pensaba también en el vecino de enfrente. O sea tres hombres follándome. ¡Qué gozada!.

Lo del parque no lo volví a repetir. Lo del vecino de enfrente lo repito siempre que no hay nadie en casa y la familia de aquel hombre está ya dormida. Estoy segura que cualquier día nos reunimos para hacer algo más que masturbarnos mirándonos el uno a otro.





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