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Soy profesora de autoescuela.
Enviado por Triple X


He de decir que existen muchas leyendas sobre la relación entre profesores y alumnos en esta profesión que no son ciertas. De hecho yo, para evitar problemas, uso faldas largas y procuro mostrar poco mi escote.

Sin embargo, voy a narrar una experiencia que tuve hace años y que contradice un poco lo que acaba de decir.

Era verano, época del año en la cual muchos chavales aprovechan las vacaciones para sacarse el carnet de conducir.

Ese verano yo estaba un poco deprimida porque acababa de separarme de mi marido, también profesor de autoescuela.

Entre mis alumnos estaba Pablo, un chico alto y muy guapo. Era muy tranquilo conduciendo y se quedaba al instante con mis enseñanzas sobre la conducción.

Era el último alumno de la semana y como había faltado dos días por motivos personales me pidió si podíamos dar dos horas más de clases para recuperarlos.

Normalmente no hubiese aceptado tal propuesta: Trabajar un Viernes hasta las 11 de la noche. Pero dado que como siempre no tenía ningún plan para esa noche y que el chico era una dulzura de hombre, le dije que no había problema.

Cuando ya llevábamos una hora de clase, yo estaba cansada y recliné un poco el asiento, lo eché hacia atrás, apagué el aire acondicionado y bajé la ventanilla para que entrase el aire.

-¿Estás cansada Mari?.

-Sí un poco Pablo ha sido un día bastante duro.

-Perdona por haberte hecho trabajar hoy hasta tan tarde.

-No te preocupes, tu conduce.

No sé que tenía la voz de aquel chico que me excitaba cada vez que me hablaba.

Aquella noche no había prácticamente tráfico, por lo que continué relajándome y apoye mi cabeza sobre mi brazo en la ventanilla. Desde esa posición le observaba como conducía y empecé a dejar volar mi imaginación.

Mi mirada fue bajando hasta detenerse en su entrepierna. Intuí un buen paquete.

-Oye Pablo, ¿hoy estarás deseando terminar para ir con tu novia?.

-No, no tengo novia.

No sé si fue coincidencia pero cuando me estaba respondiendo eso, yo me estaba desabrochando un poco la blusa para aliviar el calor y me había soltado la melena.

-¿Hace calor verdad?. A mi no me gusta nada el aire acondicionado así que cuando anochece prefiero conducir con las ventanillas bajadas

-Estoy de acuerdo contigo Mari, a mí tampoco me gusta el aire acondicionado.

Mi mirada no se apartaba de su entrepierna, así que cuando me miró se dio cuenta de adonde miraba yo.

Trató de disimular volviendo la mirada a la carretera y a su izquierda, pero a partir de ese instante las conversaciones fueron derivando hacia temas más íntimos.

-¿Estás casada Mari?.

-No Pablo. Me divorcié el año pasado.

-Lo siento.

Me llevé la mano al pecho y moví un poco la blusa para forzar la entrada de aire y bajarme el calentón.

Pablo giró su cabeza en ese momento y seguro que me vio el sujetador y parte de mis tetas que, modestia aparte, tienen un tamaño bastante bueno.

Yo corroboré esa teoría mirando hacia su entrepierna y comprobando que el bulto había aumentado de tamaño.

Estaba claro que los dos nos estábamos excitando rápidamente así que me decidí a dar un paso más para ver como reaccionaba. Me subí un poco mi falda por encima de la rodilla al tiempo que decía: Pues sí que hace calor hoy Pablo.

El chaval miraba mis piernas de reojo y su entrepierna me decía que le gustaba lo que estaba viendo a pesar de que casi no le enseñaba nada.

-Pablo será mejor que te fijes más en la carretera. Gira a la derecha en el próximo cruce. -Seguro que ya le habrás visto las piernas a cientos de chicas antes.

-Sí Mari, pero tus piernas son muy bonitas.

-Muchas gracias Pablo, pero si casi no me las has visto. Como puedes ver mis piernas llegan hasta aquí arriba, le dije mientras me subía la falda hasta el comienzo de mis braguitas. ¿Te siguen gustando ahora al verlas enteras?.

El chaval empezó a sudar abundantemente por la frente y su polla parecía que le iba a reventar debajo del pantalón.

-Si, si,... , respondió tartamudeando al tiempo que el coche perdía por momentos la línea recta.

-Tranquilo Pablo, aparca allí delante después de pasar las casas.

Pienso que fueron unos instantes interminables para el chico, pero consiguió aparcar de forma impecable.

-Aprobado caballero. Ha aparcado usted muy bien.

-Gracias Mari. ¿Puedo bajar más la ventanilla?.

-Claro que sí hombre. Puedes desabrocharte también la camisa si tienes calor. Yo voy a desabrocharme un poco más mi blusa. ¿Te importa?.

-Claro, claro que no.

-Hace tanto calor que casi me da ganas de desnudarme toda.

El chico no dijo nada pero se llevaba la mano a la frente sin saber que hacer. -Tranquilo Pablo, deja de pensar en mí como una profesora y piensa que soy una amiga tuya.

Mientras le decía esto me solté el cinturón, acerqué mi boca a su cuello y le di un beso.

Él giró su cabeza y yo aproveché para darle otro beso en la boca. Él cerró los ojos y su lengua buscaba la mía. Le solté su cinturón y llevé mi mano a su entrepierna acariciando aquel tremendo bulto.

-¿Sabes una cosa Pablo?, le susurré al oido.

-¿El qué?.

-Desde que subiste hoy al coche sólo he pensado en una cosa.

-¿En qué?, me volvió a repetir.

-En ver eso tan grande que tienes debajo del pantalón.

Él se puso un poco colorado pero reaccionó inmediatamente diciéndome:

-¿Quieres que te lo enseñe?.

-¿Y tú quieres algo a cambio por enseñármelo?.

-Vale.

Echó el asiento hacia atrás y se bajó los pantalones y el calzoncillo. Casi como un resorte salió su polla hacia arriba. Era enorme y el capullo tenía una forma muy erótica.

-¿Te gusta Mari?, me preguntó sujetándola con su mano izquierda.

-Es preciosa Pablo. ¿Me dejas tocártela?.

-Si claro. Tócamela por favor.

Se la cogí con mi mano y se la acaricié. Sin pedirle permiso otra vez, me la metí en la boca y empecé a mamársela. Él, que no se lo esperaba, se estaba retorciendo de placer.

-Mari, ¿qué... qué me haces?, me decía en voz baja entrecortada.

Yo no le respondí porque tenía mi boca ocupada y sólo le llevé mi mano a su boca para que no siguiera hablando. Él me dio un beso en la mano y luego se metió algunos dedos en su boca chupándomelos al mismo ritmo que yo le chupaba la polla.

Paré un instante para tomar aire y entonces él me dijo:

-Mari, puedo pedirte yo una cosa.

-Claro que sí cariño. Dime.

-Me gustaría verte las tetas.

-Pensé que nunca me lo pedirías. Aquí las tienes, tócamelas.

Dicho y hecho. Me separó la blusa y me las sacó del sujetador. Empezó a acariciármelas en círculo.

Yo me estaba poniendo a cien con aquel chaval y le dije:

-Muérdeme los pezones.

Él me hizo caso pero también empezó a decidir por si mismo y llevó su mano a mi braguita. Al tiempo que me mordía las tetas me estaba metiendo un dedo dentro del coño y yo empecé a retorcerme de gusto.

-Sigue así, no pares ahora por favor.

Yo le sujetaba la polla con la mano y la movía arriba y abajo.

No aguanté más y le dije:

-Pablo fóllame por favor. Quiero que me metas esa pedazo polla en mi coño por favor.

Obedeció al instante. Se puso encima de mí, me bajó la braga y empezó a metérmela. Al principio me dolió un poco de lo grande que era pero con la excitación que tenía no tarde en hacerle sitio para que entrase hasta el fondo. Al mismo tiempo sus grandes manos me sujetaban por el culo empujándolo hacia él para que entrase mejor su aparato.

Yo chillaba con lo que me estaba haciendo y él respiraba rápidamente.

-¿Te gusta profe?.

-Si chaval. Esa polla sabe como darle placer a una mujer. Sigue, sigue, sigue,.... Me corrí.

Chillé, cerré los ojos, le arañé, ... hasta que él también se acabó corriendo.

Me abrazó y me dio un beso.

Yo le dije:

-Bueno Pablo ha sido sensacional, pero te tengo que pedir que no se lo cuentes a nadie porque me pueden despedir de la autoescuela. Será nuestro secreto, ¿de acuerdo?.

-No te preocupes Mari. Soy joven pero no tonto. Y además me gustaría volver a hacerlo contigo, pero en un sitio más cómodo para hacer más cosas con tu cuerpo.

-Claro que sí Pablo. ¿Te apetece venir a mi casa mañana por la noche?.

-Pues claro profe.

Desde aquel día, Pablo y yo nos vemos a menudo sólo para follar a pesar de que ahora ya tiene novia. Esa enorme polla me revienta pero ¡me da un gustazo que me la meta toda!.



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