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La visita de mi hermano.
Enviado por Triple X


Somos una familia de 3 hermanos: Dos chicos y una chica. Yo soy la mayor de los tres, tengo 23 años y estoy casada. Los dos chicos están solteros. Todavía son muy jóvenes: Pedro tiene 18 y Alberto tiene 17.

Ellos residen con mis padres en Gijón y yo desde que me casé vivo en Alicante con mi marido.

Esta pasada primavera mi marido y yo tratamos de convencer a mi familia para que nos visitasen en nuestra casa ya que nunca habían venido a vernos.

No hubo manera de convencer a mis padres y mi hermano Pedro no podía venir porque había empezado a trabajar en un supermercado y no tenía derecho a vacaciones. Así que sólo Alberto se animó a venir a pasar unos días disfrutando del buen tiempo del Levante.

Hacía casi un año que no veía a mi hermano y cuando lo fuimos a recoger al aeropuerto me quedé un poco sorprendida de lo que había crecido desde entonces. Era ya un chicarrón del norte.

Era domingo por la mañana y después de dejar su equipaje en nuestro piso, lo invitamos a comer en un restaurante al lado de la playa.

Nos comentó que siempre había tenido ganas de venir a veranear al Mediterráneo pero papá y mamá nunca le habían traído. Yo traté de explicarle que ellos son de otra generación y que nunca les ha gustado mucho alejarse de Gijón. Pero lo que importaba es que por fin podía ver cumplido su sueño de ver el Mediterráneo.

Por la tarde estuvimos enseñándole el piso, su habitación y ayudándole a deshacer el equipaje. Luego dimos un pequeño paseo por la ciudad, cenamos y nos fuimos a dormir porque mi marido, Javier, tenía que madrugar ya tenía que ir a Valencia a ver unos clientes de la Inmobiliaria en la que trabaja.

He de decir que, en esos días yo estaba en el paro. Había terminado mi contrato en el restaurante en el que trabajaba y no me habían renovado. La verdad es que estaba un poco deprimida porque no encontraba empleo.

A la mañana siguiente me desperté temprano, cuando se marchó mi marido, pero continué en cama porque no quería despertar a mi hermano que estaría cansado del ajetreo del día anterior.

Noté que se levantó al cuarto de baño sobre las 11 de la mañana y fue entonces cuando me puse mi bata de casa y fui a la cocina a prepararle algo de desayunar. Cuando pasé delante de su habitación vi que había vuelto a la cama y tenía los ojos cerrados por lo que supuse que se hacía el remolón y le costaba levantarse. Iba a continuar hacia la cocina cuando algo llamó mi atención y me detuve: Sólo tenía puesto un calzoncillo bastante ajustado. Pero eso no fue lo que provocó que me fijase en él sino que ese calzoncillo insinuaba sus atributos sexuales de una forma evidente. Supuse que su miembro viril estaba en erección porque su tamaño era considerable.

Traté de sobreponerme a lo que había visto y continué hacia la cocina.

Aunque lo intentaba con todas mis fuerzas, lo cierto es que no se me quitaba de la cabeza el cuerpo de mi hermano pequeño.

Cuando estaba terminando de preparar el desayuno apareció Alberto en la puerta. Me asustó un poco. Venía tal y como lo había visto antes, o sea sólo le tapaba el cuerpo su calzoncillo y el bulto que le viera antes permanecía de igual tamaño.

Hola Alberto, ¿qué tal has dormido esta noche?, le pregunté para tratar de centrarme en una conversación en vez de centrarme en su entrepierna.

Muy bien Sara. He dormido de puta madre, decía mientras se desperezaba y se sentaba a la mesa para desayunar con toda la naturalidad del mundo.

El desayuno transcurrió de forma normal, aunque tengo que ser sincera y reconocer que mi coño estaba mojadísimo por más que me tratase de convencer que era mi hermano y no debía tener ese tipo de pensamientos hacia él.

Él se duchó en el cuarto de baño del pasillo y yo hice lo propio en el de mi habitación.

Luego él bajó a darse un “garbeo” por el pueblo y yo me quedé haciendo las camas y limpiando un poco el piso.

En el cuarto de baño había dejado la toalla y a un lado el calzoncillo que llevaba por la mañana. No pude resistirme y lo acerqué a mi nariz. Tenía un olor a polla que me excitó. Tardé un rato en reaccionar y al final lo puse para lavar. Mi marido me llamó diciendo que tenía que quedarse todo el día en Valencia.

Después de comer, como hacía buen día, nos fuimos los dos a la playa que hay cerca de casa.

Yo llevaba una blusa y un pareo por encima del bikini y no los quité al llegar a la playa.

Él, en cambio, se quedó en bañador. Así, a la luz del día, pude comprobar que tenía un cuerpo espectacular para sólo tener 17 años: Unos pectorales de atleta, un culo bien dibujadito y, por supuesto, esa tremendo aparato que se le insinuaba también ahora con el bañador.

Yo me tumbé sobre la toalla y él decidió ir a dar un paseo por toda la orilla.

Cuando ya estaba lejos, me decidí a quitarme la blusa y el pareo porque hacía calor. Me puse algo de crema y me tumbé boca abajo. Me quedé dormida.

- Sara, Sara, me despertó mi hermano.
- Que quieres Alberto.
- Te vas a quemar, la espalda se está poniendo roja. Quieres que te ponga la crema.
- Ya me he puesto una poca yo pero por ahí no llegaba. Ahí está, cógela en el bolso.
Me puso la crema por toda la espalda y también por los lados. Llegó incluso a rozarme un poco las tetas (tal vez intencionadamente). En esos momentos mis pezones se pusieron duros como piedras.
- ¿Me pones a mí una poca?. Me parece que este Sol de Alicante quema más que el de Gijón.
- Seguro, dije yo. Le puse primero por la espalda. Más que extenderle la crema, lo que hacía era acariciarle la espalda con ella. Luego le dije: ¿Quieres qué te ponga por delante también?.
- Sí por favor.

Me puse delante de él para ponerle la crema. Había empezado ya a extenderla cuando me doy cuenta que está mirando hacia mis tetas. Una de las razones era que mis pezones todavía estaban duros y se notaban por debajo del bikini.

- ¿Qué miras Alberto?, le dije.
- Nada Sara, nada. Se había puesto algo colorado.

Acabé con la crema y me tumbé boca arriba. Él también se tumbó, pero girado hacia mí. No me quitaba ojo.

Me fui al agua a darme un chapuzón porque Alberto tenía los ojos cerrados y parecía dormido.

Cuando ya llevaba unos minutos en el agua miré hacia el lugar donde estaba mi hermano y comprobé que estaba sentado mirándome fijamente. Le hice una seña para que viniera a bañarse.

No tardó ni un segundo en meterse conmigo en el agua.

Jugamos a salpicarnos y luego nadamos un poco mar adentro. Lejos de la orilla le dije: Alberto, aquí en el Mediterráneo es muy fácil ligarse a una chica, así que tienes que ir buscando una.

- Bueno Sara, de momento la única chica guapa de la playa eres tú y para eso eres mi hermana, me respondió. He de reconocer que el piropo me gustó y hasta me excitó un poco.
-No te preocupes seguro que encuentras alguna.

Volvimos a la orilla, nos secamos bien y regresamos al piso.

Mi marido nos esperaba en casa.

-Hola familia, ¿qué tal está el agua de Alicante, Alberto?.
-Más caliente que la de Gijón, le contestó mi hermano.

Eso seguro, pensé yo.
Cenamos en casa y nos fuimos a dormir. Esa noche mi marido y yo hicimos el amor.

Tratamos de hacer poco ruido para que no se enterase mi hermano, pero yo tenía tal excitación que en varias ocasiones se me escaparon algunos gritos de placer. La imagen de la polla de mi hermano no se me quitaba de la cabeza y la confundía con la de mi marido Javier.

Mi marido se fue a trabajar a las 8 y media.

Alberto tampoco tenía ganas de madrugar ese día, así que me duché en el cuarto de baño grande porque tenía que ir a hacer la compra.

Estaba en la ducha, cuando escucho que la puerta se abre. Por un hueco de la mampara observo que Alberto se acerca al water y se pone a mear. Mira que debía estar dormido para no escuchar el agua de la ducha. O tal vez estaba acostumbrado a que cuando éramos niños nunca nos importó estar juntos en el baño.

El espejo del cuarto de baño me permitió confirmar mis sospechas. Tenía una polla enorme y el conjunto de su cuerpo era espectacular.

Mientras lo observaba, metí mi mano entre las piernas y me acaricié un poco el coño.

Cuando terminó de mear, tiró del agua y se giró hacia la bañera. Abrió la mampara y me saludó.
- Buenos días Sara, perdona pensé que estaba libre me dijo con voz somnolienta y ojos casi cerrados.
- - Hola Alberto.

De repente aquellos ojos casi cerrados se abrieron de par en par para contemplar mi cuerpo desnudo debajo del agua. Se quedó unos segundos parado mirándome de arriba a abajo.
- ¿Te gusta lo que ves?, le dije.
- Sí, claro que me gusta, dijo tartamudeando un poco. ¡Que buena estás Sara!.
- Tú tampoco estás nada mal hermanito. He visto tu aparato por el espejo y estás muy bien dotado. Seguro que las gijonesas se pelean por ese buen trozo de carne.
- Bueno, se hace lo que se puede.
- ¿Me acercas la toalla, por favor?.
- Sí claro.

Salí de la bañera, cubriéndome lo que podía con la toalla.

- ¿Tienes ganas de desayunar?.
- Sí, un poco me dijo sin quitar la vista de mi coño.
- Vale cariño, pues espérame en la cocina que voy ahora ¿vale?.
- Sí. Casi tropieza con la puerta del baño porque no paró de mirarme hasta que salió.
Cerró la puerta. ¿Qué calentón me había dado?. Si me toca el coño seguro que se moja hasta las orejas de lo excitada que estaba.

Me puse sólo la braga y la bata de casa por encima y me fui a la cocina.

Cuando llegué lo vi sentado a la mesa en calzoncillos, como el día anterior. Me fijé por debajo de la mesa que tenía una buena erección que trataba de disimular con las piernas cruzadas.

Preparé el desayuno y nos sentamos uno frente al otro.

Él no paraba de mirarme el escote de la bata. Disimuladamente lo fui aflojando para que lo viese mejor, de modo que, de tanto aflojarlo, al final me quedó una teta al aire.

El tenía los ojos como platos y yo me lancé.

- Alberto, veo que no le quitas ojo a mis tetas, ¿te gustaría tocármelas cariño?.

Se sorprendió un poco con la propuesta pero no tardó ni un instante en acercarse a mí y ponerme la mano en la teta que tenía al aire.

La apretaba ligeramente. Su pollaza seguía aumentando de tamaño. En contraprestación yo me decidí y se la toqué por encima del calzoncillo para comprobar que aquel gran bulto era real.

- ¿Que pedazo de polla tienes Alberto?. Déjame vértela cariño. Enséñasela a tu hermanita.

Dicho y hecho. Se bajó el calzoncillo y aquel impresionante miembro me quedó a la altura de mi cara.

- ¡Tremenda!. ¡Cómo me gustaría tener una así cada noche en mi cama!.

- Sara tú ya tienes una cada noche. La de mi cuñado Javier. Ayer os oí mientras follábais.

- ¿De verdad?. ¿Sabes Alberto?. Ayer cuando chillaba estaba pensando en tu polla. La verdad es que desde que te vi en calzoncillos ayer por la mañana no me la he quitado de la cabeza. Me encanta tenerla tan cerca de mí.

El se puso colorado y yo le cogí aquella preciosidad y la metí en mi boca.

Él cerró los ojos. Le temblaban algo las piernas mientras yo se la chupaba y le acariciaba entre las piernas subiendo hacia sus testículos.

- Sara ¿qué me haces?. Se apoyó en mi cabeza y me acariciaba el pelo suavemente.
- Disfrutar yo y hacerte disfrutar a tí cariño. Olvidemos que somos hermanos, pensemos que somos un hombre y una mujer dándose placer mutuamente con sus cuerpos.
- ¿Y si aparece tu marido?.
- Tranquilo hoy estará en Benidorm hasta la noche. Tenemos todo el día para nosotros solos. Así que pensemos sólo en gozar el uno del otro.
Me quité la bata para que ofrecerle a mi hermano el cuerpo que había visto antes en el cuarto de baño bajó el agua de la ducha.

Me levantó con sus fuertes brazos y me llevó al sofá del salón. Me recostó y me quitó la braga.

Me acarició, primero por el cuello, besándome la boca y entrelazando nuestras lenguas. Luego me lamió las tetas apretándome levemente los pezones con sus dientes. Fue bajando con su lengua y llegó a la entrada de mi vagina. Notó que estaba mojadísima y me guiñó un ojo. Le gustaba que me hubiese puesto así por su culpa. Me empezó lamiendo por fuera en círculos, mientras me metía un dedo. Luego sacó el dedo y me metió la lengua introduciéndola y sacándola como si me estuviese follando. Me estaba estremeciendo de placer. Para soportarlo le agarraba la cabeza con fuerza.

Cesó de lamerme y acercó su enorme polla a mi coñito, que para entonces ya estaba totalmente abierto y lubricado, y me la metió lentamente mientras me sujetaba la cintura.

- Aaahh! Chillé yo de placer sin importarme que me oyesen los vecinos, más por el gusto de tener aquel pollón dentro de mí que por el miedo a que me doliese. Cerré los ojos y le dejé hacer.

Él empezó a moverse metiendo y sacando. Mi primer orgasmo tuvo lugar a los pocos segunos. Y luego otro, y otro más,...

- ¿A cuántas chicas te has follado ya hermanito con esta polla?.
- A cinco contándote a tí hermana. Pero contigo estoy sintiendo más placer que con ninguna otra. Tu cuerpo es perfecto y follas muy bien.
- Claro que sí. No olvides que soy tu hermana mayor y te lo tengo que enseñar todo. Disfruta todo lo que quieras de mi cuerpo hermanito.
- Me corrooo. No aguanto más Sara. ¡Que gustooo...!
- Sí Alberto sí, córrete dentro de mí. Como me gusta que me folles cariño. Eres ya todo un hombre y me has dado mucho placer.

Después del ejercicio realizado no nos quedó más remedio que acostarnos un rato. Para ello nos tumbamos abrazados en su cama y charlamos sobre un montón de cosas.

La mañana transcurrió sin más incidencias.

Comimos y luego nos fuimos a la playa.

Ahora ya sin disimulo, le mostraba mi cuerpo sin ningún reparo y él se tumbó muy pegadito a mí pasándome sus manos por mi ingle.

Fuimos a nadar juntos y cuando estábamos a una distancia prudencial de la orilla, nos besamos y nos metimos mano. Yo le agarré la polla y lo masturbé. Él me metió un dedo por el culo y otro por el coño moviéndolos al mismo tiempo.

Al volver a casa, mi hermano me dijo: ¿Quieres que te enseñe a la última chica con la que he follado?.

- Claro que quiero, le dije mostrando curiosidad por conocer las conquistas de mi hermanito pequeño.

Me mostró algo en su teléfono móvil: Era una foto. En ella aparecía mi hermano penetrando por el culo a una chica (muy guapa, por cierto) y un poco más allá se veía a otro chico también desnudo.

- ¿Cómo se llama tu amiga?, le pregunté.

- Ella es Raquel la novia de Pedro.
- ¿Me estás diciendo que te has follado a la novia de tu hermano?.
- Sí y ¿a qué no adivinas de quien esa polla que se ve allá al fondo?.
- Bueno, ¿no me digas que es la de nuestro hermano?.
- Pues sí.
- Desde luego sois un par de gamberrillos. Mira que follaros a la misma chica y al mismo tiempo. Pero para mis adentros también estaba pensando: Hay que ver la buena polla que tiene también mi otro hermano y lo bien que las usan los muy cabrones.

Como el día había sido bastante ajetreado nos sentamos a ver la tele en el sofá mientras esperábamos a que llegase mi marido.

Alberto, al comprobar que disponíamos de descodificador de satélite, me insistió para que pusiésemos algún canal porno.

Evidentemente tuve que ceder y éste eligió una película en la que la mayor parte de las escenas eran entre chicas.

- ¿Te gustaría follar con otra chica?, me preguntó mi hermano.
- No, le respondí tajantemente. Yo no soy lesbiana.
- Seguro que sí te gustaría, lo que pasa es que no has tenido ocasión de hacerlo. Dicen que las mujeres son las que mejor saben satisfacer los deseos sexuales de otras mujeres.
- No Alberto, a mí me gustan los hombres. Y le empecé a acariciar la polla por encima del pantalón.
Él a cambio me dio un beso en la boca y nuestras lenguas se acariciaron durante un buen rato. Además de sobarme los pezones provocando su inmediato endurecimiento. Estábamos ya medio desnudos, cuando escuchamos abrirse la puerta de la entrada. Era Javier que llegaba de trabajar. Rápidos como un rayo nos adecentamos la ropa y cambiamos de canal en la tele.
Hola familia, ¿qué tal habéis pasado el día?.
Bueno, lo hemos pasado lo mejor que hemos podido. O sea madrugando poco y playa por la tarde. Agotador cariño.
Ya me imagino, supongo que Alberto ya se conocerá Alicante de punta a punta. Claro Javier, dijo mi hermano.
Cenamos y luego volvimos al salón a ver otro rato la tele. Yo me había puesto una camiseta que me cubría poco más que mis braguitas para estar más cómoda.
Javier y yo estábamos sentados en el sofá grande y mi hermano en el pequeño. Esa ubicación le permitía a Alberto contemplar perfectamente mi entrepierna. Yo ya le estaba notando excitado. Javier, en cambio, estaba atento a la tele.
Sin que se diese cuenta mi marido, yo le guiñé un ojo a mi hermano y, al mismo tiempo que me mordía el labio inferior, fui separando poco a poco mis piernas para excitarlo más. Javier se estaba quedando dormido y, muy a contragusto mío, me pidió que nos fuésemos para cama.
Alberto dijo que se quedaba un rato más viendo la tele.
Alrededor de la una de la madrugada yo todavía seguía sin pegar ojo. La culpa la tenían mi hermano y los ronquidos de mi marido.
Alberto todavía continuaba en el salón porque la tele estaba encendida. Pensando que quizá se hubiese quedado dormido fui al salón para decirle que se acostase.
Acerqué la cabeza a la puerta sigilosamente y vi algo que me excitó un montón: Mi hermano se estaba masturbando viendo la tele. Estaban dando una película porno en la que dos chicos se follaban a una chica, uno por delante y otro por detrás.
Aquella escena de mi hermano haciéndose una paja en mi salón, provocó en mi coño un estado de excitación tremendo.
Me acerqué a él y le di un beso en aquella enorme polla que tanto me gustaba. Incluso me la metí en la boca un instante. Estaba deliciosa.
Cariño es tarde ya, porque no te vas a dormir, le dije.
Ya voy hermanita.
Salimos juntos de salón en dirección a las habitaciones. Yo delante y Alberto detrás. Al llegar a mi habitación, mi hermano me sujetó por detrás apretándome mis tetas. Sara, ¿recuerdas la chica de la foto de mi móvil?.
Sí,¿por qué?.
¿Sabes que fue lo que más le gustó aquel día?.
¿El qué?.
Que le diéramos por el culo. Nunca antes lo había hecho y desde aquella Pedro me dice que no para de pedírselo. ¿A ti te han follado alguna vez por detrás?.
Claro que no, le dije un poco sofocada por lo que me estaba contando y porque me estaba acariciando el coño con su mano por encima de mi braga.
Ante esta respuesta mi hermano se bajó el pantalón y el calzoncillo y apartándome la braga, acercó la punta de su polla a la entrada de mi culo.
Yo podía ver dentro de la habitación a mi marido durmiendo plácidamente. ¡Si supiera lo que le estaba haciendo su cuñado a su mujercita!. Javier roncaba por lo que me dejé hacer. Mi hermano fue metiendo su enorme polla en mi culito. Mi primera sensación fue de dolor y contuve como pude mis deseos de gritar, pero una vez que él inició el mete-saca mi culo empezó a lubricarse y su polla entraba y salía sin dificultad provocándome un gran placer. Tenía su boca cerca de mis orejas y le oía respirar profundamente cada vez que penetraba. Me gustaba y a él también.
¿Y si se despertase tu marido?, me dijo.
Calla Alberto y sigue con lo que estás.
Yo pienso que se uniría a nosotros y él te follaría por delante y yo por detrás como en la película de la tele.
Calla Alberto, le susurraba yo.
Me corrí ya no sólo por el placer que me producía Alberto sino por el hecho de tener a mi marido enfrente y pensar que podía despertarse viendo lo que estábamos haciendo mi hermano y yo.
Alberto cesó la penetración anal y desde atrás me metió la polla en el coño mojado. Por ahí si que me entraba sin dificultad el aparato de mi hermano. Me corrí enseguida.
Él al oirme gemir cuando me corría, también se corrió dentro de mi.
Fui al cuarto de baño a limpiarme y a abanicar un poco aquella calentura que me había producido aquel chaval.
Cuando salí, mi hermano ya se había metido en su cuarto y yo me metí en la cama con mi marido. Ahora sí que no tardé en quedarme dormida.
Así transcurrió aquella semana entre polvo y polvo.
Cuando faltaban dos días para que mi hermano volviese a casa, mi marido dió muestras de sospechar algo porque por la noche mientras hacíamos el amor (yo con pocas ganas por la razón que sabemos) me soltó: Cariño, estoy un poco celoso por dejarte todo el día con tu hermano porque es ya un hombretón y en cualquier momento puede desatarse su instinto sexual.
¿Cómo puedes pensar que mi hermano tenga pensamientos sexuales hacia mí?.
Pues por algo tan sencillo como que tienes un cuerpo de escándalo y el chaval no es de piedra. Me he dado cuenta que cuando tienes puesta ropa algo provocativa él no te quita los ojos de encima.
Aquella conversación me excitó y le pedí a mi marido que me metiera la polla por el culo. Al principio se sorprendió un poco pero no tardó en acceder a mi petición. Pienso que llevaba años deseando hacerlo y yo no le había dejado por miedo. Cuando me metía la polla mi cerebro imaginaba que era mi hermano el que tenía detrás de mí.
Parecía que la noche prometía porque al poco rato mi marido me dijo: Oye Sara, hay una cosa que siempre he deseado pero nunca me he atrevido a pedírtelo.
¿Qué es cariño?.
Me dejas que te ate las manos a la cabecera de la cama y te vende los ojos para hacerte gozar sin que tu puedas ver lo que te hago.
Yo mostré algo de indecisión ante esta inesperada propuesta pero el insistió por lo que accedí. Fue al trastero y volvió con dos trozos de cuerda y un pañuelo grande.
Me ató al cabecero, me dió un beso en la boca y luego me cubrió los ojos.
Acto seguido me destapó completamente quitándome la sábana. Luego empezó a recorrer mi cuerpo con su lengua. Se paró en mis pezones acariciándolos con sus manos al mismo tiempo y luego bajó hacia mi coño metiéndome la lengua y moviéndola de forma que me estremecí varias veces. Tenía ganas de acariciarme yo misma pero las ataduras me lo impedían.
Espera un momento, me dijo. Cesó en sus caricias y había silencio en la habitación. Pensé que estaría preparando algo que me provocase más placer.
Al cabo de un minuto o dos volvió a acariciarme. Esta vez empezó desde mis pies hacia arriba. Las caricias en mis muslos me gustaron tanto que me provocaron un pequeño orgasmo. Luego me levantó el culo y acercó su polla a la entrada de mi coño. Se debía haber cerrado un poco porque la primera embestida le costó entrar. Luego ya fue lubricándose y me gustaba mucho. Me acariciaba las tetas.
Un momento pensé yo sin decir nada. Si las manos de mi marido sujetan mi culo mientras me folla. ¿De quién son las manos que me acarician los pechos?.
Como notó que estaba pensativa, mi marido me quitó la venda de los ojos.
Efectivamente había cuatro manos. Pero no en la disposición que había pensado. Mi marido era el que me acariciaba las tetas y el que me estaba follando era ... ¡mi hermano!.
Mi marido había dejado que su cuñado follase a su mujer delante de sus narices.
Me soltaron las ataduras y me abrazaron los dos.
¿Te gustaba cariño?, me dijo Javier.
Puse cara de estar confundida y entrecortadamente dije sí mi amor, pero ...
No digas nada. Te explicaré: Cuando estábamos haciendo el amor pude ver a Alberto espiándonos en la puerta así que quise darle una alegría a este chaval antes de que vuelva para su tierra y se lleve un buen recuerdo de Alicante.
Me ha gustado mucho cariño, veo que mi hermano está bien dotado y utiliza muy bien su polla. Me gustaría seguir follando con los dos.
Dicho y hecho. Mi hermano se puso detrás y mi marido delante. Los dos me fueron metiendo sus pollas por el agujero que tenían más cerca.
Me parecía imposible que una mujer pudiese sentir más placer que el que estos dos hombres me estuvieron dando durante unos minutos.
Se intercambiaron los puestos. Les hice sendas mamadas a los dos y al fina acabaron corriéndose los dos encima de mí.
¡Que gusto me habían dado los condenados!.
Ves Alberto, ahora tienes mi permiso para follar a tu hermana cuando quieras, pero prefiero que lo hagamos los dos juntos. A ella le encanta como has podido comprobar.
Al día siguiente, no salimos de casa en todo el día. Follamos varias veces y acabamos exhaustos.
A la mañana siguiente fuimos con Alberto al aeropuerto. Fue una despedida algo triste pensando en lo bien que lo me había hecho pasar.
Bueno Albero, vuelve cuando quieras. Ya sabes que tu visita ha sido un placer. Sobre todo para tu hermana.
Gracias por todo Javier.
Luego se acercó a mí y me dio un beso en la boca. Javier me guiñó un ojo.
Gracias hermanita por esta semana tan fantástica. Cuida es cuerpazo que tienes porque me gustaría volver a disfrutar de él.
Y tu cuida esa bonita polla que tanto placer le da a las chicas. Yo pensaré en ella cada noche. Y dile a Pedro que me gustaría que la próxima vez venga él también. Nos lo pasaremos bien los tres ¿verdad?.



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