Buscador de relatos eroticos. Envia tus Cuentos, Historias, Fantasias, Confesiones, Relatos Porno, Relatos de Sexo, Cuentos Eroticos
  Inicio
  Enviar relato
  Videochat
  Linea erotica
  Enlaces






Webcams chicas, chicos, parejas, gay, transexuales, lesbos. 100% amateur desde sus casas.











Fotos y lineas eroticas
Lolitas
Chicas 18+
Jovencitas
Mujeres 25+
Quiero papi
Estudiantes
Maduras 40+
Amas de casa
Abuelas
Viudas
Amateur
Transexuales
Gay
Lesbianas
Chicas bisex
Negras
Asiaticas
1001 noche
Russas
Modelos

Guarras
Ninfomanas

Embarazada
Peludas
Tetonas
Gordas
Chocho caliente
Hardcore
Lenceria
Pechugona
A la española
Gemito
Rasuradas
Domina
Fetiches
Meadas
Sadomaso
Bizarro
Culo roto
Latex
Extremo
Fisting
Esclava
Orgias
Enfermera
Sauna
Playa
Strip
Doctor
Maestra
Vouyeur
Secretos
Chica gim
La Vecina
Ligueros
Sexo 30 Seg.
Servicio completo
Corridas
Numero rapido
Mamadas
Masturbaciones
Anal
Relatos grabados
SMS Chat
Infieles
Chicas de Madrid
Chicas de Barcelona
Chicas de Valencia
Chicas de Malaga
Chicas de Murcia
Chicas de Zaragoza
Chicas de Sevilla
Chicas de Canarias
Chicas de Bilbao
Contactos Flirteo
Contactos Gay



  << Volver


Imprimir

Un sueño tremendo
Enviado por Bob Naranjo


Desperté sudado, con ambas manos sobre la pija. A esas horas de la madrugada la tenía dura, durísima, como una estaca. Se trataba de una pesadilla muy extraña: había tres coños delante de mí, cuál de ellos más apetecible, más húmedo y oloroso, tres coños abiertos de tres mujeres que se exhibían en doggy style para mí. Yo iba decidido a destrozar con mi tranca esos tres coños, pero en el momento preciso algo me impedía hacerlo, me frenaba, no podía. Intentaba avanzar, con el pene erecto y listo para penetrarlas, pero algo me retenía al suelo. Las mujeres, a quienes no podía verles la cara, esperaban. Luego se vestían y se iban y yo quedaba francamente mal.

Una sola vez he estado con dos chicas, Isabel y Doris, dos lesbianas que habían accedido a que las montara simultáneamente. Fue una tarea ardua, pero lo conseguí, y después de darle duro a cada quien en su concha, me corrí largamente en la boca de Doris quien, en un beso profundo, le dio parte de mi leche a Isabel. Ambos rostros quedaron embadurnados de semen y saliva. Fue incomparable dormir en medio de dos mujeres que estaban acostumbradas a compartir la cama sin machos, sin vergas de por medio. Al otro día tenía que ir a trabajar, pero preferí seguir follándolas bien rico. Perdí el empleo, pero gané una experiencia incomparable.

Pero en mi sueño se trataba de tres mujeres a las que no podía satisfacer. Me había conmovido tanto la pesadilla que no recordaba que Joana, una de mis amigas, dormía a mi lado. Ah claro, Joana. Habíamos follado como locos. Me había corrido tres veces seguidas dentro de su concha. Ella se había venido cuatro y a la cuarta no quiso más. Nos merecíamos ese sueño profundo que estábamos teniendo. Hasta que me jodió esa puta pesadilla.

-¿Qué sucede? –me preguntó.

-Tuve una pesadilla horrible.

-Ah, tranquilízate –dijo reincorporándose en la cama. Joana tiene los senos pequeños y un trasero normal, pero su vagina es sencillamente deliciosa, suave, apretadita. Podría habérmela cogido otra vez, ganas no me faltaban, pero necesitaba contarle mi problema a alguien.

-¿Vas a decirme?

-No lo sé. Te sonará estúpido.

-Sabes que te amo, Bobby, y que haría cualquier cosa por ti.

Cuando las mujeres mezclan el amor con el sexo es fatal, te exigen exclusividad y yo no estoy capacitado para follar con una misma chica todas las noches. La única manera de librarte de ello es no haciéndoles caso. Le di un beso mientras le acariciaba el muslo hasta llegar a ese pubis tierno, cubierto de pelitos arremolinados. Qué muslos y qué concha. Joana era de las pocas amigas que sabía cómo hacerme una mamada sin que yo tuviera que darle instrucción alguna. Su boca era envolvente, precisa, arrulladora. El único problema es que decía estar enamorada de mí y cuando lo decía, se jodía todo.

-Necesito comprobar una cosa –me atreví a confesarle esa madrugada–. ¿Quieres participar en un experimento?

-Mientras esté esto en medio –me susurró, tomándome el pene desde la base–, encantada.

-Llama a Karina y a Jimena. Diles que vengan rápido, que es urgente.

Ambas eran amigas de Joana, pero muy amigas mías también. Karina era una morena de pelo corto, de ojos muy excitantes, dueña de una cintura perfecta, un culo respingón, unas tetitas bien agudas aunque no tan grandes. Jimena tenía el pelo pintado de rojo y llevaba gafas de intelectual, aunque a mí eso me daba igual con tal de que me dejara comerle ese delicioso par de tetas que tenía, unas tetas que a cada movimiento se bamboleaban y me ponían siempre a tono. Una vez, a solas, Jimena me rogó que le hiciera una rusa, es decir, que pusiera mi verga entre sus tetas y que la dejara ahí, quietecita: ella la masajearía hasta que me viniese. Acepté, con la condición de acabar en su boca. Me dijo que sí, y comenzamos, pero al correrme, parte de mi semen se le escurrió por las comisuras y le manchó el cuello, los pechos, todo. La muy puta fue recogiendo con el dedo los restos de leche, llevándoselos a la boca hasta quedar limpia. Después, en el descanso habitual entre una cogida y otra, me contó que también escribía y que en muchos relatos aparecía yo.

-¿Y usas mi nombre real? –quise saber.

-Claro.

-Quiero leer tus cuentos.

-Algún día –dijo. Es fantástico estar en los pensamientos cachondos de una mujer. Quise leer de inmediato todo cuanto decía de mí, pero las horas fueron pasando y de tanto en tanto Jimena se subía sobre mí, para ensartarse ella misma mi verga en la concha y cabalgarme. Una, dos, tres veces. Después nos quedamos dormidos y me olvidé de sus historias.

En eso estaba, pensando en ese sueño tremendo de los tres coños y en cómo serían los cuentos de Jimena, cuando Joana volvió a la cama y me dijo que las chicas llegarían en media hora.

-¿Te hago un mamoncito mientras tanto? –se ofreció, mientras recorría con un dedo la punta hinchada de mi verga.

-No, Joana, no. Déjalo así. Quiero estar fresco para cuando lleguen Jimena y Karina.

Me fui a la cocina con mi bloc de notas. Allí, mientras bebía la última cerveza de la nevera, apunté el sueño. Estuve un buen rato escribiendo todo lo referente a la pesadilla cuando sonó el timbre. Las chicas se habían tardado sólo veinte minutos.

Miré por el ojo mágico. Karina lucía una falda rosa y una blusa celeste, qué apetecible se veía. Jimena vestía un suéter negro con un escote inmenso. De mis amigas seguro Jimena lideraba el ranking de tetas perfectas. Salí a abrirles, con mi pene al aire.

-Estábamos esperándolas. Yo y él.

Ambas rieron y entraron, sin dilaciones, mirándome la tranca y con deseos de tocarla ya. Las besé a las dos en la boca.

-Lo tienes enorme, Bobby –dijo Karina–. ¿Quieres vaciarla dentro de mí?

-Encantado, cariño, pero antes necesito que me hagan un favor. Es muy importante para mí.

-Tú dirás, hombre grande –me apuró Jimena.

-Vamos al cuarto.

Entraron y saludaron a Joana con un beso en los labios, como a mí. Eso hizo que se me pusiera aún más dura. Les pedí que ordenaran la cama y que abriéramos un poco la ventana. Había un olor muy intenso a jugos y a transpiración.

-Qué corrida se han dado –exclamó Jimena–. Huele delicioso aquí dentro.

-Este hombre es fantástico –dijo Joana–, se vino tres veces.

-No es su record. Nadie ha superado el record de la puta ésa, la modelo argentina –dijo Jimena.

Era verdad. Nadie me había sacado tanta leche como esa puta, una modelo que estaba de paso por la ciudad y que conocí casualmente. Mejor dicho, vino a mí sin que yo la llamara. Había leído mi libro de cuentos Punto G y otros relatos y quería conocerme. Acabamos follando dos días seguidos en un cuarto de hotel lujoso. Su concha se lo comía todo, era una aspiradora, una concha olorosa y rica que había que buscar entre el grosor de sus muslos y sus nalgas. Acabé corriéndome dentro suyo siete veces. Sentí mareos, me deshidraté y tuve que beber un litro de agua directamente desde el grifo. Qué mujer, hubiese pasado el resto de mi vida entre sus piernas.

-Quítense la ropa, por favor –les pedí.

-¿Quieres que te hagamos un strip-tease las tres? –preguntó Joana.

-No, no. Sólo quítense la ropa. No se toquen. No hagan nada.

Procedieron de ese modo. Joana, Jimena y Karina tenían cuerpos tan distintos y a la vez tan deliciosos. Cada quien en su estilo. Las tres parecían hechas a la medida de mis fantasías: Karina, qué esbeltez, qué culo, qué ojos de cachonda. Jimena, las tetitas más deliciosas, pezones perfectos, dos masas uniformes que se movían acompasadas al ritmo de mis embestidas bestiales. Joana, qué flor de conchita, una cuca que en su momento tuve el honor de desvirgar y que ahora podía servirme a la cama cuando quería.

-Bien. Ahora levántenme el culo. Así, en cuatro.

Se miraron extrañadas, pero me hicieron caso. Desde la cabecera hasta los pies de la cama tenía tres coños en fila, listos para ser penetrados y llenados con el poder de mi fierro.

-¿Así? –preguntó Karina.

-Perfecto. Y ahora sólo dedíquense a gozar.

Era mi sueño hecho realidad. Ahora vería si ese sueño se convertiría en la pesadilla de esa misma noche.

Partí por Jimena, la primera. Le di un estoque preciso. Su vagina se contrajo y comenzó a botar jugos como loca. Las otras dos la miraban cómo gemía, cómo mi verga se perdía totalmente en su hoyo divino, y empezaron también a calentarse. Una, dos, tres embestidas salvajes. La abracé por detrás para poder masajearle un rato esos pechos que me volvían loco. Le apreté los pezones para que me mojara aún más la pinga. Se la metí y se la saqué rápido otras dos veces y me salí, dejándola con un suspiro en la boca. Me puse detrás de Joana, la siguiente. Su concha delicada se me abrió como una flor y me dejó entrar sin problemas. La tomaba por la cintura y la atraía hacia mí, repetidas veces, sintiendo que la punta de mi pinga rozaba su matriz uterina. A Joana le gusta gritar fuerte, y así lo hizo, haciendo que las otras se frotaran poco a poco el clítoris mientras esperaban. Cuando estaba por salirme de su grupa para metérsela a Karina, Joana me sujetó de los muslos, para que no me marchara. Le di una nalgada tierna y le dije que esperara, que su amiga también quería acción. Le abrí el trasero a Karina y ella misma fue quien tomó entre sus dedos mi pene, enrojecido, goteando por los fluidos de las otras dos, y lo condujo a su abertura. Mientras la follaba sobé su culito bien parado, moreno y firme, y sentía palpitar el interior de su vagina. A cada momento sentía el pene más ancho y más grande. Era un mete y saca infinito en el coño moreno de Karina.

Era fantástico. Se lo metía una vez a Jimena, luego cinco o seis veces a Karina, luego una vez a Joana, luego diez a Jimena, una a Karina, siete a Joana. Trataba de repartirme equitativamente. Se trataba de una cogida triple y fenomenal, porque cada una, en doggy style, se esforzaba para que me corriera adentro en su concha y no en la de las otras.

Las chicas estaban haciendo su máximo esfuerzo, contrayendo y dilatando sus vaginas cuando mi estaca estaba en su interior. Sabía que no tardaría mucho en que la pinga me explotara y el dilema sería en qué coño eyacular. Es el único problema de hacerlo con varias mujeres a la vez: quieren lo mejor de ti pero tú tienes una sola verga y hay que multiplicarla para que parezca que tienes dos o tres y así no defraudar a ninguna.

-Chicas, tengo un problema. Estoy a punto de correrme, pero no sé cuál de ustedes será la premiada.

Jimena, la escritora, la intelectual, la sabelotodo, tuvo la solución.

-Danos a las tres. Pongámonos cerca la una de la otra y abramos nuestros coños para que tu tranca nos entre mejor. Tú sólo preocúpate de no botar la leche en el camino.

Se pusieron todas al centro de la cama, juntando sus caderas. Con ambas manos en el trasero me ofrecían sus vaginas abiertas, mojadísimas, listas para ser llenadas. No quise que ninguna tuviera privilegios, así que me hice una paja rápida para apurar la salida del semen. Cuando estuve a punto, me apreté el conducto seminal y se lo metí a Jimena. Un chorro. Me apreté otra vez la verga y se lo encajé a Joana. Otro chorro. Nuevamente presioné la vena que está por debajo del pene y me fui a llenarle la cuca a Karina. Otro chorro. Debía actuar rápido para que ninguna pensara que tenía preferencias.

Pero las tuve, inevitablemente. Una de ellas recibió dos chorros y lo notó. Me miró con mucha complicidad, como diciendo que ése sería nuestro secreto.

-Oh, es fantástico culear contigo, Bobby –dijo Joana.

-Qué bendición de tranca tienes, papito –agregó Jimena.

-Sentí que me vaciabas la pinga, mi amor –dijo Karina. Las tres se abrazaron a mí. Yo ya no dije nada más, estaba exhausto y quería dormir.

Sí, tenía mis preferencias, a pesar de que esa noche dormimos los cuatro, desnudos en la misma cama, como los buenos amigos que éramos.

Comentarios o exabruptos cachondos: bob.naranjo@yahoo.es



Katrin Fritzsche Apartado de correos 22, 35100 San Bartolome de Tirajana, Las Palmas. El precio máximo de la llamada es de 1.16 euros minuto desde red fija y de 1.51 euros minuto desde red móvil, impuestos incluidos. Mayores de 18 años.
 

ADVERTENCIA: Estas páginas contienen material exclusivo para mayores de 18 años. Si usted es menor de edad en su lugar de residencia o si cree que este tipo de material puede herir su sensibilidad, le rogamos abandone de inmediato esta página.
Copyright © 2005 All Rights Reserved www.1001RELATOSEROTICOS.com Email: info@1001relatoseroticos.com