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SILVIA Y ANTONIO (Parte 3)
Enviado por Munjol


Luego de ese sábado en que la fantasía de Antonio se convirtió en realidad. Silvia trató de evitar encontrarse a solas con él a “tomar un café”, pues sabía que no cejaría hasta cumplir con la velada propuesta cuando se despidieron, ser su amante y llevarla a una situación sin retorno.

Antonio la había hecho muy feliz y la relación sexual había sido placentera y muy gratificante después de mucho tiempo, pero no quería romper su matrimonio. ¿Había sido solo un desliz y no se atrevía a más?.

Silvia no contaba con la perseverancia y la tenacidad de Antonio que con mucha diplomacia le hacía sentir sus deseos, y le proponía un nuevo encuentro en cada ocasión en que se encontraban. Ella estaba radiante y se veía más bella desde su infidelidad cosa que Antonio se encargaba de resaltar, hasta que Silvia no pudo resistir a sus requiebros e insinuaciones y aceptó una nueva cita.

Se encontraron en una confitería de Flores y luego de contarse sus cuitas y expresar sus vivencias desde su encuentro anterior Antonio le propuso repetir la experiencia aunque fuese por última vez. “¿Estás arrepentida?”, “¿no fue una velada maravillosa?”, concluyó diciéndole.

“Al contrario, goce mucho, como hacía tiempo no lo hacía”, fue la tímida respuesta de Silvia, sonrojándose.

Antonio entonces no dudó, pagó y la invitó a acompañarlo. Instalados en el auto y mientras se dirigían al hotel alojamiento, se besaron y mientras ella se acurrucaba aproximándose a Antonio, Silvia dejó que él acariciara sus muslos y la entrepierna que separó, para facilitarle las caricias. Silvia pudo comprobar la rigidez del miembro de Antonio que parecía querer liberarse de su encierro en el pantalón, y no pudo disimular su calentura. Se acaricio sus senos disimuladamente lo que no pasó desapercibido para Antonio que supo que esa tarde iba a ser diferente.

Llegaron y luego de estacionar en la cochera, subieron las escaleras que los llevaban a la habitación. Al cerrarse la puerta se sintieron dueños del mundo. Se besaron con pasión. Silvia temblaba y cuando Antonio corrió el bretel del vestido descubriendo los senos fue notoria la dureza de los pezones. La respiración agitada de Silvia y sus palabras entrecortadas, generaron un clima de erotismo y lujuria. Siguieron acariciándose y besándose hasta que Silvia le imploró pasar al baño. Sabía lo que podía suceder y previsora untó su ano con una crema que había llevado ex profeso.

Antonio la esperaba desnudo con su herramienta en la mano. Era enorme y palpitaba por el deseo. Silvia ya la conocía y se arrodilló para besarla lamerla y lubricarla.

Las palabras obscenas escaparon de su boca. “Hola mi amor, como te extrañé”.”¿Me vas a hacer feliz nuevamente?”. Musitaba dirigiéndose a la verga. Estaba irreconocible.

Antonio gemía y acercaba la cabeza de Silvia que hacía arcadas cuando ésta tomaba contacto con la garganta. Lamía y tragaba la verga con desesperación hasta que Antonio no pudo más y eyaculó.

Luego fue el turno de la concha de Silvia, húmeda y dilatada por el mete y saca frenético a que la sometió esa verga endurecida por el deseo. Previamente la boca de Antonio había preparado la vulva y el clítoris jugando con su lengua y había descubierto el olor y el sabor del ano que había sido untado por la crema lubricante que se había colocado Silvia. Antonio con pleno dominio de la situación, jugaba con la desesperación de Silvia que jadeaba y gemía con cada embestida y le pedía más.

“Soy tu esclava mi amor”, repetía una y otra vez. “Haz lo que desees”, “Me entrego de cuerpo y alma”.
Antonio conociendo de antemano la respuesta, le susurró al oído, “Quiero lo último que me falta mi amor”,”Quiero tu hermoso culo”.
Silvia con un mohín le contestó, “¿Me va a doler mucho?”, “Solamente una vez tuve una relación no consentida y fue muy doloroso y desagradable”.
“No temas mi amor vas a disfrutar pues ahora estas preparada y lo haré con mucha delicadeza”. “De ahora en más serás mi amante, mi mujer y seguramente mi esposa en un futuro cercano”.
Silvia se colocó de bruces, arrodillada sobre la cama y abrió sus dos nalgas con sus manos exponiendo en toda su magnitud el orificio anal. Antonio lo besó y luego volvió a untar la entrada con la crema, y también untó su verga enfundada con un condón.

“Despacio por favor” fue el ruego postrero de Silvia, que abrió aún más sus piernas. Antonio comenzó con un juego deslizando su verga de la concha al ano y viceversa. Lo entraba y sacaba de la concha, encharcada por los jugos vaginales. Silvia se movía y facilitaba el contacto, estaba desesperada por sentir la penetración de esa pija enorme dentro de su recto aunque le doliese.

“Antonio no puedo más”, “Hazme tuya también por el culo”, le imploró en voz alta. Eran las palabras que esperaba Antonio que comenzó a presionar más y más hasta atravesar el esfínter. Un grito desgarrador surgió de los labios de Silvia al profundizar la verga en el recto pero Antonio no se detuvo, lentamente fue introduciendo su herramienta hasta golpear con sus testículos las nalgas. Había entrado toda en ese culo casi virgen. Parecía mentira que esa enorme verga hubiese dilatado el ano de tal manera, exponiéndose al retirarla como una flor abierta ante los ojos de Antonio.

Luego fue todo más simple. Cada vez que entraba y salía la verga, el orificio se hizo más complaciente, y Silvia comenzó a gozar. Movía su cola al compás de las embestidas de Antonio y en un momento de lujuria se desbocó.

“Papi que divino, por dios”, “Te deseo más que nunca”,
“Así te quiero mi hembra”, “Muy puta en la cama y recatada y discreta con tus amistades”.
“Quiero toda esa pija dentro mío y los huevos también”. Lo instaba Antonio.
Los jadeos y las palabras de amor y placer se sucedían. En un momento Antonio se quitó el profiláctico y le introdujo la verga sin miramientos.
“Así me gusta más, que hermosa pija”. “Quiero toda la leche dentro de mi culo”. Musitó Silvia.
Finalmente Antonio eyaculó derramando el semen que regó las entrañas de Silvia que terminó exhausta y dolorida pero feliz.
Se bañaron y se prometieron que esa no sería la última vez.
Antonio la dejó en la puerta de la casa y al despedirse le propuso compartir el resto de su vida. El beso que se dieron fue el preludio de la separación de Silvia que había encontrado por fin su felicidad.

Munjol.



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