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Verano del ´96 (Segundo Relato)
Enviado por
Celeste
Después de nuestro “encuentro” en el mar, los tres volvimos a la carpa. Como si hubiésemos firmado un acuerdo de silencio, no hablamos del tema.
Pero a medida que la tarde avanzaba, las miradas comenzaron a ser más suspicaces, y los gestos más atrevidos. Noté que mi hombre rozaba la rodilla de la otra muchacha, y ésta le devolvía sonrisitas complacientes. Lejos de incomodarme, la situación me parecía por demás divertida.
Él cada vez hacía menos esfuerzo por disimular sus erecciones que, por otra parte, eran absolutamente evidentes detrás de su short de baño. Imagino las cosas que pasarían por la cabeza de ese macho, ante la concreción de una de sus más añoradas fantasías sexuales. Y a esa altura, ya los tres estábamos seguros de cómo continuaría la historia...
-Creo que he tomado demasiado sol- dijo ella, con un tono aniñado en la voz.- Me he quemado mucho...
Se puso de pie frente a mi Romeo y, de espaldas a la playa, corrió apenas el borde de su traje de baño, cuidándose de no mostrar el pezón.
El pobre buscó mis ojos como pidiéndome permiso. Yo asentí con la cabeza.
-No puedo ver bien así, mostrame un poco más... – respondió en voz baja.
Entonces ella dejó al descubierto algunos centímetros más, pero no todo.
-Ves? Tengo colorado aquí, y aquí blanco... – después de hablar, pasó la punta de la lengua por sus labios.- Así está bien, o te muestro más?
-Mostrame todo!
Ella descubrió todo su pecho, y él respiró muy profundo.
-Qué hermosa! – le dijo, y extendió su mano hasta tocarla. Apretó el pezón, lo pellizcó despacito. – No es hermosa?- preguntó, refiriéndose a mí.
-Es muy hermosa, y deseable.
-Ustedes dos estaban jugando ésta mañana en el mar, picaronas?
-Jugamos un lindo juego, amor. – respondí – No sabés qué lindo juego...
-A qué jugaron?
-Las dos estábamos calentitas – susurró la muchacha, aún de pie frente a él – nos tocamos, y acabamos como dos yeguas.
-Pero antes – continué el relato- nos meamos las dos juntas. Ella en mi mano y yo en la de ella.
-Mirá como me pongo cuando me acuerdo! – dijo ella, y en su entrepierna notamos una manchita que crecía a medida que se mojaba más y más.
-Yo estoy igual, me estoy chorreando... – anuncié.
-Qué hermosas son! – dijo mi hombrote casi en trance – qué hermosas y putas son!
-Querés acabar, amor? – pregunté.
La respuesta era más que obvia. La punta de la pija le sobresalía del borde del short.
Me paré junto a mi nueva amiga, también de espaldas a la playa, para que si alguien pasaba no viera lo que estaba sucediendo. Volteé para ver que nadie hubiera cerca, y le dí una buena lamida a la teta de ella, que gimoteó de placer. Él nos pidió que le mostráramos un poco la conchita: yo bajé el bikini y ella corrió un poco el borde de su traje de baño. Yo separé los labios y exhibí orgullosa un clítoris hinchado, sabiendo que los dos lo deseaban con locura.
Pregunté a la muchacha si me dejaba ver el suyo y ella lo hizo. Un botoncito rojo, de una belleza tan sutil, tan excitante.
-Cómo las voy a coger! – gimoteaba mi hombre, mientras se masturbaba frenéticamente. – Me voy a coger esas dos conchas maravillosas, las dos putas son mías...
De pronto él acabó y se manchó con semen la cara y el pecho. Las dos nos acercamos y lo lamimos.
-Ahora ustedes, nenas. Me parece que se tienen unas ganas locas, no?
Cómanse, chiquitas, que yo vigilo.
Ella se sentó en la silla y yo comencé a chuparle el clítoris. A los pocos segundos él abandonó su puesto y, arrodillado detrás de mí, metió su mano dentro de mi bikini y empezó a frotarme, dándome unas palmaditas suaves que sabía que me vuelven loca.
Las dos acabamos otra vez, gozándonos nuestro segundo orgasmo en esa playa.
-Te acordás de tu pedido? – preguntó ella, y mi Romeo nos miró con intriga.
-Le pedí que cuando tuviera otra vez ganas de mear, me meara encima.... y pienso cumplirlo. Te gustaría verlo, amor?
Él tenía otra vez la pija enorme.