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Deseos a los 14
Enviado por
Lokochampi
Mi nombre es José, debo confesar siempre me he sentido atraído por los pies de las mujeres, tienen algo erótico, sensual, y el estar a los pies de una mujer, besándolos, lamiéndolos, chupando los dedos, es una fantasía que me pone muy pero muy cachondo.
Bueno, todo pasó cuando tenia 14, ya había empezado el verano desde hace mucho y el sol estaba muy agobiante. Había salido con mis tíos y mi primo al club de La Marina, es un club bastante amplio, lleno de de canchas de tenis, fútbol, habían dos piscinas y el terreno libre disponible era inmenso, perfecto lugar para jugar a las escondidillas. Al llegar al restaurante del club, yo no tenia mucha hambre, mas bien me moría de ganas de jugarle un partido de tenis a mi tío y ganarle, pero igual iba a estar entretenido.
Tuve que sentarme un rato y esperar que venga el mozo, así no tuviera ganas de comer no me iba a dar el lujo de de pedirle a mi tío que deje de tragar para jugar conmigo, era muy egoísta, pero en fin. Yo estaba mirando todo el restaurante (era muy tropical por si acaso), la decoración estaba muy mona y era precisa para un bonito día de verano, de repente algo me llamó sumamente la atención, era una chica, blanca, de ojos pardos, tenía además una sonrisa encantadora, pero lo que más me llamó la atención fueron sus pies, llevaba unas sandalias verdes, con flores de decoración, un modelo bastante infantil, pero a mí me pareció bastante excitante, ahora solo estaba pensando únicamente en sus pies, no pensé que alguien me podría descubrir mirando esos manjares y en menos de un minuto mi polla estaba reventando en mis pantalones, lo peor que habría pasado hubiera sido que mi tía que estaba al costado mio se fijara en este detalle...
Pasaron varios minutos...ya había echo el pedido, pero lo único que tenia en la cabeza eran esos pies, tan suaves, blanquitos...en eso lo que menos me esperaba...ella voltea y me mira fijamente, babeando y observando sus preciosos pies...ella me lanzó una mirada que como que no sabes que te quiso decir, si bien se estaba burlando de ti o si acaso te estaba coqueteando en cierta forma...la verdad me dejó con la duda, para mí era vergonzoso que una chica de unos 13 años sepa uno de mis más profundos secretos. Después de media hora, ya un poco más calmado yo y a estaba harto de aburrimiento, por lo tanto decidí agarrar mi raqueta y por lo menos practicar contra la pared. Al subir a la parte de arriba (donde se encontraba una gran pared para darle cuerda a la raqueta), me di cuenta que ahí estaba ella, mirando a mi los ojos muy fijamente y con una sonrisa un poco maligna...
“Te gustan mis pies verdad?” me preguntó. Yo me quedé callado, lleno de vergüenza. “La Cagué!” pensé automáticamente. “Que te hace pensar eso” le dije, todo cínico.” En el restaurante todo el rato estabas mirándolos con una cara...” me dijo mientras se sacaba las sandalias y me mostraba la planta de su pie, un poco sucia porq obviamente había caminado descalza en el suelo.
Yo ya estaba a cien, mi polla estaba por explotar y mi respiración se hacía más frenética. “Si, la verdad tus pies...son demasiado hermosos”le dije conteniendo las ganas de abalanzarme sobre ella en ese mismo instante. Más bien, me acerqué a ella y la miré a los ojos, con mi clásica mirada pendeja que a veces funciona...a veces. Le dije que me siguiera hacia los camerinos de la cancha de básquet que estaban vacíos.
Al llegar ya no aguanté más, la tumbe a la camilla para enfermos que estaba en la zona B y empecé a besuquiarla, sin importarme nada, sobandole sus pechos, su cuello y poco a poco le fui sacando sus bragas, su vagina era rodeada de un espeso matorral de rizos negros, totalmente empapada con sus jugos, y el clítoris verdaderamente engrandecido y sensible, sobre el cual pase de inmediato mi lengua. Colocando sobre mis hombros sus preciosas piernas, le dije que la iba penetrar, ella no accedió precisamente, pero le dije que no se preocupara ya que podría disfrutar de una rica penetración anal, primero dijo que eso dolería mucho, pero al final acabo diciendo que “sí”, mi pene se hundía cada vez más dentro de su anito, estuvimos así durante unos minutos después ya no me contuve y me vine a dentro, me imaginaba como mi leche llegaba hacia sus intestinos.
Todavía me quedaba energías y decidí aprovecharlas, le fui quitando muy lentamente la sandalia, aprovechando cada segundo y me agache para olerle los pies, era un olor muy sabroso, acerqué mi lengua hacia su planta y empecé a lamer toda la mugre que tenia, al rato su empeine ya rozaba descaradamente mi pene que empezó a ponerse duro otra vez. Empezó a mover su pie para arriba, para abajo, para arriba, para abajo... Dios! Estaba acariciando mi pene con su riquísimo pie desnudo! ¡Que momento tan excitante! La paja que me estaba haciendo con sus pies era única, eran suaves, la planta se veía un poco rojita y sucia, no eran nada arrugados...al final de los finales, me terminé viniendo en sus preciosidades, todo mi semen recorría sus dedos y su planta, al terminar nos besamos un largo rato. Ya nos teníamos que ir, pues había pasado como media hora y nosotros estábamos desaparecidos, después me dio su teléfono celular...a ver si repetimos lo mismo de la tarde en otra ocasión.